Posteriormente a la Primera Guerra Mundial, la recuperación económica de los diferentes estados se complicó como consecuencia de una profunda depresión con bases en la influencia de EEUU en la economía mundial.Tras la guerra, EEUU experimentó un fuerte crecimiento económico debido a las mejoras en los distintos procesos productivos que permitió un incremento en la demanda de productos duraderos como los automóviles o las viviendas. Dichas mejoras dieron una disponibilidad de innovaciones que hicieron aumentar a su vez el nivel de vida de la población. Este clima de optimismo animó a mucha gente a invertir sus ahorros en Bolsa. A esta etapa de crecimiento se la denomina los felices años veinte. Pero a pesar de las elevadas tasas de crecimiento, la economía de EEUU presentaba varios problemas en dos campos: en el sector agrario y en el sector industrial.
Podemos dividir los problemas agrícolas en el sector del trigo y los monocultivos de algodón. El sector del trigo tuvo que haber frente a la caída del consumo interior (puesto que con un mayor bienestar, la población substituía el pan por otros alimentos) y a la competencia internacional (ya que con la recuperación de Europa tras la guerra surgieron otras potencias exportadoras). Por su parte, los monocultivos de algodón eran explotaciones pequeñas y poco competitivas en relación con las grandes explotaciones que habían introducido variedades más productivas. Con vista a estos problemas, el estado tuvo que crear un organismo para comprar los excedentes y así evitar la caída de los precios agrícolas.
La guerra había provocado una fuerte demanda por parte de Europa que hizo subir rápidamente los precios de la agricultura, cosa que animó a los agricultores a mejorar sus explotaciones financiando dichas mejoras con créditos bancarios. Al final de la guerra los precios empezaron a descender y las explotaciones que se habían endeudado no tuvieron ingresos suficientes para hacer frente a los gastos de explotación y de crédito.
En el campo industrial, el cambio tecnológico (aplicación de la electricidad a la producción, montaje en cadena, introducción del camión, etc.) provocó un incremento de la producción en un 50%, pero este aumento no se vio reflejado ni en los salarios ni en los precios de venta.
A pesar de no verse reflejado en los salarios, el sentimiento por parte del proletariado era de mejora puesto que disminuyeron los precios agrarios (aumento del salario real), se redujeron las horas laborales y aumentó el trabajo femenino. En cuanto a los precios de venta, al aumentar la productividad y no bajar los precios, la acumulación de beneficios incrementó considerablemente, animando a los productores a producir cada vez más hasta llegar al punto en que la producción era mayor a la capacidad de compra de la población. Para evitar esta sobreproducción los empresarios decidieron paralizar las inversiones y desviar sus beneficios hacia las finanzas (financiar sus propios productos, conceder créditos a corto plazo al exterior o invertir en bolsa).
A principios de setiembre de 1929, toda esta especulación bursátil provocó que las cotizaciones dejasen de subir y empezaran a caer más rápido de lo que habían subido. El 24 de Octubre de 1929 pincha la bolsa llevándose al quiebre a millones de brokers, bancos y, con ellos, al 25% de la población al desempleo.
Como aportación personal, las causas del crack y las consecuencias que se derivaron pueden compararse con la crisis económica actual en cuanto a la especulación. La inversión española en los últimos años sobrepasaba sus posibilidades de endeudamiento pero aún así seguía incrementando con la finalidad de la especulación (inmobiliaria sobretodo), situación parecida a la de los años 20 en EEUU (especulación bursátil). Como consecuencia, muchas bancas y empresas se ven arrastradas a la quiebra y sectores como el inmobiliario o el automovilístico caen en picado.



